los «nudos» de eielson: enlace universal
javier sologuren


Quipus, nudos

Estas criaturas de Jorge Eielson se llamaron inicialmente quipus, denominación que traía aparejadas connotaciones históricas y culturales bien definidas. Y, claro está, en primer término constituían una inequívoca referencia a la escritura (en su fase embrionaria) y, por consiguiente, al mensaje que destina.
Quipus pasó a ser nudos. El motivo de esta sustitución bien puede ser el hecho de que con este último nombre se amplía su cobertura significativa, accediéndose con ello a la universalidad de una idea: nudo es atadura, enlace, centro, causa. Así ya no se reduce -como quipus- a las fronteras de un idioma específico:

nudo es un enlace que lleva a un centro;
es también un lenguaje, pero sin confines.
Ya lo dijimos: universal.


La energía expansiva:

Cada «nudo», cada imagen encierra y libera tensiones de una extrañada potencia
que el poder demiúrgico del artista
gobierna con la seguridad y la serenidad de la forma plena
-de la cifra cordial precisa-
cuya sugestión obra parejamente, pongamos por caso, a la del ying y del yang.
Todo un mar hirviente de ímpetus y furias
(la vida fisiológica y la instintiva y anímica)
se ordena remansa y cristaliza
en el espacio del cuadro
para asumir la mirada de un rostro imperturbable y perfecto que bien puede tener su equivalente, pues en ese orden se halla,
en el envolvente apaciguamiento de un buda.
Apaciguamiento dentro del reino del arte,
asumido por la visión estética en toda su pureza.


El nudo es un plexo de fuerzas vitales

encerradas como el Genio en la lámpara aladinesca
y, a la par, abiertas y operantes en el curso de un es-pacio
silenciosamente incruento.
Nudo: enlace: centro.
Nudo-puño, nudo-plexo, nudo-sexo.
Nudo del cuerpo en apertura solar y germinal.
Poderosa expansión de ese centro
como brazos abiertos haciéndose alas,
como impulso fálico y genésico.


Magia o misticismo del color

Eielson ha liberado al color en su función construc-tora de la imagen (ni pincelada, ni perspectiva), la que es, en cambio, asumida íntegramente por la tela en tensión, alcanzando en su tridimensionalídad un pun-to superior donde ya no se distinguen pintura y escul-tura.
Eielson es el artista que ha sabido anudar la magia o la mística del color con los vectores formales en un canto abierto como una llama sutil y firme en el espacio.


Lundero, suplemento cultural de La Industria, 157
26 de mayo de 1991