
|
|


el cuerpo de giulia-no
jorge eduardo eielson

[...]
(¿Qué había sucedido en el granero aquella noche interminable? El café maldito me llovió sobre la cara. El piso de madera crujía.
-¡Quítate todo, te he dicho! ¡Apúrate!
Yo me incorporé sobresaltado y escuché.
La respiración pesada filtraba por las hendijas. El café seguía lloviendo. La voz se apagaba, mascullaba, jadeaba, insultaba, ordenaba. Voz ronca y canalla. Voz de animal devorador de carne humana. El piso de madera temblaba bajo el peso odioso. Un remezón más fuerte y un nuevo chorro de café sobre mi cabeza.
-¡Así! ¡Ponte así, chuncha maldita!
La voz brotaba llena de esperma, descendía por las paredes, me ensuciaba. El ruido era ahora menos claro. Algo se revolcaba sobre mi cabeza, revolcando algo precioso. La voz ligaba a su presa, la maniataba, le anudaba los pechos, las piernas, los labios. La ahogaba. La temperatura y la respiración de los cuerpos bajaban por las paredes, se extendían hasta mi cuerpo.
-¡No te muevas, cojuda! ¡Quédate así! ¡Abre las piernas! ¡Ábrelas, mierda!
El café llovía sin cesar. La voz canalla insistía.
¡Vas a ver tú! ¡Todo te lo voy a meter! ¡Todo! ¿No quieres así? Está bien. ¡Ven acá, entonces! No tengas miedo, no te voy a hacer nada ¡qué carajo!
Espera un poquito.
De pronto un silencio. Granos de café rodando por el suelo de madera. Olor a polvo reseco, a fruta podrida, a hojas marchitas. El monstruo resoplaba con esfuerzo. Imposible hacer nada en ese instante. Un manto de plomo me envolvía, una tiniebla espesa y sin salida. Ruido de hebilla de pantalón pestilente. El calzoncillo amarillo aparece, el vientre flácido, la verga gruesa e inflamada entre los pelos ralos, rojizos.
-¿Te gusta? ¡Toma! ¡Chupa, cojuda! -Voz tenebrosa y canalla-. ¡Arrodíllate ahora! ¡Así! ¡Sigue, sigue! ¡Abre bien la boca, no te hagas la inocentona! -Voz de lagarto infectado. De burro sifilítico. De serpiente que supura.
-¡Échate ahora! ¡Abre las piernas! ¡Así! ¡No te muevas!...
|
|


|
|


|
|