
|
|

densidad y coherencia
nuestros artefactos semióticos suelen ser débiles. preocupados por el registro y almacenamiento físico de la información -fenómenos que merodean el umbral inferior de los problemas de la significación y el sentido-, descuidamos las tecnologías semióticas que nos permitirían crear artefactos con mayor carga y densidad simbólica.
así, nuestros sistemas semióticos resultan incoherentes y frágiles, y sus signos, débiles y excesivamente extensos. extensión antes que intensidad. miles de computadoras no pueden guardar tanta información sobre nuestra civilización como una tumba sumeria o egipcia, un jardín o caligrafía japoneses, o una humilde y a la vez suntuosa vasija precolombina.
cada pieza arquitectónica, cerámica o textil de estos habitantes del pasado nos habla de un universo a la vez sagrado y cotidiano, nos dice de los altísimos matices de sus vidas: logra convocar la presencia de una cosmogonía, del universo entero. son las presencias puras e intensas, los restos densos y vivos de un todo compacto y consistente. densidad. coherencia. sistema. armonía.
todo con escasísimos recursos y una abstracción soberbia. pero ¿cómo podría ser de otro modo? ¿cómo puede sorprendernos Chan-Chan, construido por seres arrullados por el ritmo puro y abstracto de la eterna línea del desierto, arrullados por el ritmo puro y abstracto del mar, protegidos por el ritmo luminoso de un cielo siempre azul y, nuevamente, puro? ¿el silencio siempre presente de Tiahuanaco? ¿la arena sagrada que rodea el Nilo? ¿la arena, el viento, el silbido de las paracas?
como sus altos antepasados precolombinos, eielson abre la boca negra del asombro y deja a su paso, entre los objetos débiles e incoherentes con los que nos rodeamos, los frutos de sus juegos: nudos -quipus-, paisajes infinitos, acciones efímeras, fotografías, performances y el hilo luminoso y oscuro -hecho de astros y de cenizas- de su palabra.
un sistema semiótico denso y coherente. o una constelación simbólica. o un nudo poético. torpes nombres que no alcanzan a cifrar la elegancia y la altura, la intensidad del goce estético, el placer y el dolor humanos que se reúnen en estos artefactos. eielson recupera tecnologías semióticas milenarias -la escritura y el tejido, por ejemplo- y crea a nuestro alrededor una atmósfera serena, lejos del ruido insignificante de nuestras torpes maquinarias de la información, donde brillan el silencio y el ritmo puro, el ritmo del origen, el de la sangre recorriendo nuestras venas y el del polvo en el desierto, el vacío.
diversidad y ritmo
como la vida misma, la poesía. y bajo el nombre poesía, la diversidad. inútil hablar de poesía y vida, porque al hacerlo, así sea intentando fundirlas en una metáfora o una alegoría, al enunciar de esa manera, estamos demarcando la frontera que deseamos abolir. la poesía es vida, solamente. la vida es poesía. así. banal y gastado como se lee. pero así.
como los grandes artistas, eielson vive de esa manera y sus artefactos son tan diversos como su vida. y la poesía tocándolo todo: ensayos intensos y bellísimos: novelas poéticas (no-novelas, en verdad): poesía tan sofisticada como despojada: telas anudadas: ropas destrozadas: la arena del desierto: intervenciones en el metro y la calle: conciertos submarinos: objetos anónimos abandonados en lugares públicos: enviados a direcciones al azar: esculturas de palabras: y un largo etcétera que se pierde en el tiempo y en el anonimato. mejor así. eielson lo ha querido así.
y en todos sus artefactos -con excepción, quizá, de los escritos-, eielson queriendo desaparecer, buscando un anonimato que termine de fundir vida y poesía, eliminando las barreras creadas por el mercado y la cultura.
y en todos sus artefactos una matriz abstracta -tan abstracta, tan original, tan primigenia, tan remota en el tiempo-. aun si buena parte de la obra plástica de eielson tiene rasgos figurativos, difícilmente podríamos hablar de arte figurativo. no hay en eielson el afán por representar, ni siquiera en sus novelas, donde la convención mimético-realista, tan frecuente en nuestra narrativa, es abandonada. en los artefactos de eielson no se dice el universo; por el contrario, el universo está. por eso, el arte de eielson comunica de una manera muy distinta a la de nuestras máquinas: como los ángeles, comunica en silencio, por la pura presencia, regresando a un momento anterior al lenguaje.
|
|


|
|


|
|