habitación en roma (1952)
jorge eduardo eielson


piazza di spagna

¿quién ha dicho que el cielo
no es sino un viejo tambor
completamente inútil
y sin sonido?
subamos por la escalinata
más suave del mundo
miremos hacia villa médicis
sin perder de vista
nuestra barca de mármol allá abajo
ni al capitán bernini
ni la pequeña isla
con sus tres palmeras africanas
a la diestra
y miremos el ocaso incomparable
que yo compararé sin embargo
a una trompeta
mejor
a todo un grupo de trompetas
mientras las nubes son violines
encendidos ciertamente
harpa el agua de las fuentes
contrabajo el viento fuerte
y los gorriones
flautas y caramillos
ninguna orquesta es concebible
sin un golpe de tambores
en el fondo
pero si el viejo cuero azul
resuena todavía
en trinidad del monte ello se debe en gran parte
a un increíble sistema
de acústica divina
gracias al cual descubriremos
voces y melodías
que ya nadie escucha
volvamos para ello la cabeza
desde el último peldaño
de la augusta escalinata
justo en el mismo segmento
en donde la balaustrada maliciosa
suma veintitrés columnas
y cae a plomo bruscamente
desde un agudo obelisco
sobre la gran terraza
(por donde siempre pasa un niño
como un anillo sin dueño
el cabello rubio al viento
la voz completamente blanca)
y miremos a la izquierda
hacia abajo
hacia el ocaso nuevamente pero
más cerca de nosotros casi
a nuestro alcance apenas
a un tiro de escopeta
¿qué cosa vemos?
un segundo sol
más pequeño y luminoso
que el de siempre
y que se inclina lentamente
de nombre keats
un tercer sol diminuto como un niño
con el cabello rubio al viento
de nombre shelley
ambos ingleses y puros
niños poetas que la eternidad ha encerrado
en un mismo crepúsculo latino
juntos los dos y nunca divididos
ni por las mujeres
ni por la gloria
ni por la misma tierra elegida
dulces poetas de albión
¿duermen desnudos todavía
los estetas
en una alcoba de roma
perfecto dúo sin vida que aún murmura
una divina melodía
que ya nadie recuerda?