20

Empleo sólo las palabras y las letras nece-sarias en estas páginas. Pretendo que ellas sean la imagen fiel de mis antecedentes y mis errores desde que te conocí hasta el día de tu muerte. He escogido ese momento no tanto por su grandiosidad, sino porque él es para mí un punto de apoyo capital en este recuento. Ese momento fue mi más rumorosa caída durante mi corta mar-cha terrestre. No puedo desvirtuarlo con el pre-texto de un milagro, de una revelación llameante que en realidad no tuvo lugar. Podría escribir: «Yo te amaba, Pajarito, lo descubrí ante tu cuerpo inmóvil, en la Morgue de Venecia.» Pero sería falso. Empleo, por lo tanto, sólo palabras y letras blancas. Letras odiosamente lógicas, inexpresivas, letras de la prosa, de las cartas comerciales y las noticias diarias. Letras para conversar de política y deportes en los bares. Odiosas letras impresas cuyo veneno es la razón, el orden, la discriminación so-cial, la guerra, las ideologías, el mal. Acaricio, en cambio, comunicaciones mucho más remotas e inmediatas. Grandes letras no escritas cuyo esplendor nos ilumine para siempre. Frases secretas con el sentido final de cuanto existe. Pero ¿cómo formu-larlas? «¿Habla español?» «Moi, je parle français.» «Un petit peu seulement.» «Italiano anche.» «Mio padre ligure.» Y los americanos: «Do you remem-ber La Guerre?» «Yes, sure, it's marvelous.» Y las frases ciegas de los monos y los loros burlones. Y el chillido atroz de los chiwacos («Such wonder-ful birds!») y los tucanes. Y su imposible acento veneciano. Y yo mirándote tendida, sobre una me-sa de mármol. Recitando la oración mortuoria de Paracas. YO TE DESNUDO TE RECONOZCO TE ENTIERRO YO TE DESNUDO TE RECONOZCO TE ENTIERRO YO TE DESNUDO TE RECONOZCO TE ENTIERRO. (Luego las momias eran cubiertas con mantos admirables, tejidos en homenaje al cadáver y según su rango. La desnudez era totalmente desconocida entre los muertos. «Sí, sí, la conozco.» «¿Es usted pariente, esposo, novio, prometido, amigo?» Trato de recordar. Las costillas, la vejiga, el bazo, los riñones. Y cartílagos y nervios, glándulas oscuras e intestinos. La cascada de tu sangre, tu saliva y tu orina. Y además tus ácidos. Tus sales. Crecimientos extraños Humores. Residuos. ¿Qué cosa fuimos Dogaresa? ¿Amantes solamente? «Sí, sí, la conozco.» Tome usted nota, Comisario. Se llamaba Giulia. Nos conocimos en París, hace un par de años. No sé, no tengo idea. Sí. Vivimos juntos. Aquí tiene mis documentos. Investigue usted. Es su deber. ¿Qué cosa fuimos? No lo sé. ¿Qué cosa fuimos, Dogaresa? ¿Amantes acaso? Entre tantos verbos inútiles ¿recordarías el verbo amar?

YO TE AMO

TÚ ME AMAS

ÉL ME AMA

NOSOTROS NOS AMAMOS

VOSOTROS OS AMÁIS

ELLOS SE AMAN

Equivalente a:

YO TE ODIO

TÚ ME ODIAS

ÉL ME ODIA

NOSOTROS NOS ODIAMOS

VOSOTROS OS ODIÁIS

ELLOS SE ODIAN

Inútil igualmente. La fórmula mágica era simple, sin embargo:

GIULIA + NO - GIULIANO + YO = GIULIA

O también:

MAYANA - TÍO MIGUEL - PANCHO + YO = MAYANA...